¡Qué alegría más grande vivir en los pronombres!
Luis Cernuda

El otro día estaba trabajando en el ordenador, cuando interrumpí el trabajo para entrar en mi perfil de Instagram y pensé: “hace tres días que no publico nada, no puede ser”. Fui a la cocina y tardé cerca de una hora en hacer una bonita foto, típica de Instagram; una superficie de madera, un bizcocho recién hecho, una planta y una perfecta combinación de colores.
Estaba a punto de subirla, cuando me doy cuenta de lo ridículo de la situación, y de repente me vi como la protagonista de un episodio de Black Mirror, cuando da un mordisco perfecto a una galleta (que luego escupe) para hacer la foto con el capuccino (que no bebe) con el mensaje: “Delicioso café terciopelo con galleta. En la gloria!”

¿Qué aporto yo con esa foto?, ¿qué cuento de nuevo? Instagram está plagado de cuentas con imágenes de cocinas, platos, plantas, bizcochos, bodegones…. Parece una competición para ver quién hace la mejor foto, aunque inviertas-pierdas una buena parte de tu tiempo creando y confeccionando la instantánea idónea. Cuánto tiempo perdido, cuánto tiempo de no lectura, de no conversación, de no contemplación, de no sabor…

Para contar hay primero que vivir. Hoy me revelo y decido comer la galleta.

Texto: Gema Sampedro. Fotografía: Jesús de la Iglesia (en algún lugar de la Lombardía, Italia).

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